Robot Da Vinci en España

El cirujano Humberto Villavicencio, jefe del Servicio de Urología de la Fundación Puigvert en Barcelona, operaba la próstata con cirugía abierta, en la que es un experto.
El pasado viernes no puso ni un dedo sobre el paciente. Cómodamente sentado ante una consola ergonómica, a un par de metros de la mesa quirúrgica, manejó los movimientos de cuatro brazos robóticos. Sus varillas se introducen a través de orificios de apenas ocho milímetros.
Anestesista, ayudante e instrumentista trabajan en sus puestos habituales, y observan por un monitor los detalles de la intervención.

La Fundación Puigvert estrenó el 6 de julio el primer robot Da Vinci que se instala en España.
Desde entonces el aparato ha intervenido en 16 prostatectomías radicales (extirpación completa de la próstata cancerosa).

Este robot quirúrgico, no sustituye al cirujano sino que traduce los impulsos de los mandos en suaves y precisos movimientos del instrumental.

Robot Da Vinci

ORIGEN
Da Vinci fue desarrollado originalmente por ingenieros de la NASA para hacer operaciones a distancia.
Aprobado por la Food and Drug Administration de Estados Unidos en 2001, la extirpación de la próstata es la principal aplicación, pero también se utiliza en cirugía abdominal, cardiaca, torácica, pediátrica y ginecológica.
En Estados Unidos hay instaladas 250 unidades, 70 más en Europa y 30 en el resto del mundo. Durante 2005 llegarán a realizar 20.000 operaciones. Hace unos meses, un equipo del Guy’s Hospital de Londres trasplantó un riñón de donante vivo con la ayuda de un Da Vinci. “En unos años, quizá operen solos”, bromea Villavicencio.

ESTRUCTURA DEL ROBOT
Una de las varillas lleva dos cámaras de alta resolución que proporcionan al cirujano un campo de visión tridimensional; una de las grandes ventajas frente a los procedimientos convencionales es que muestra imágenes planas de forma que crea un efecto que es como sumergir la cabeza dentro del cuerpo.
Con los pedales, el cirujano maneja las cámaras, envía a los instrumentos corriente eléctrica para coagular los vasos y guía el cuarto brazo, un ciberayudante que le permite separar o tensar tejidos.
El instrumental gira dentro del cuerpo como si lo hiciera la muñeca del cirujano, con la diferencia de que su tamaño, de entre uno y dos centímetros le permite acceder a lugares imposibles para una mano.

La falta de tacto se suple mediante visión 3D, que ofrece perspectiva, y la sensación de fuerza que emiten los mandos.
Con Da Vinci, las operaciones y la pérdida de sangre como el riesgo de infecciones son mínimos.

La estancia hospitalaria se reduce a poco más de 24 horas y la recuperación posoperatoria también es más rápida.

Villavicencio ha saltado de las operaciones abiertas a la robótica tras un breve paso por la laparoscopia.
Tras el entrenamiento con la máquina, se maneja con soltura. “No tiene precio”, asegura, ” la comodidad reduce el cansancio, la visión es maravillosa, puedo hacer cosas que no podría con las manos y he vuelto a tomar café”. Hasta coser en el interior, una ardua tarea, le parece sencillo.

Durante el primer año, este equipo tratará a 120 pacientes, algunos cubiertos por la sanidad pública, y 250 cuando esté a pleno rendimiento.
La Fundación Puigvert aplicará también un programa de formación de especialistas.
Sabe que tardará en amortizar el robot: al coste se ha de sumar la sustitución periódica del instrumental (cada 10-12 intervenciones) y el entrenamiento de los cirujanos.

Paula Bustillo Trueba


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